
Luego de la excelente experiencia del año pasado, los invitamos nuevamente a la Feria del Libro.

Calambre espiritual
Junto con las Crónicas de Narnia, Cartas del diablo a su sobrino,una ingeniosa presentación de la vida cristiana (pero creo que de cualquier vida) desde la perspectiva del diablo, es el libro más popular de C. S. Lewis. En su prólogo afirma el autor que, aunque «nunca había escrito con tanta facilidad, nunca escribí con menos gozo», pues adoptar la actitud mental de un diablo le «producía una especie de calambre espiritual». No atribuye sus conocimientos de cómo funcionan las tentaciones a grandes estudios filosóficos o teológicos sino a su propio mundo interior. También en Mero cristianismo dirá que resulta «una tontería pensar que las personas buenas no saben lo que es la tentación. Son los que mejor lo saben». Justamente ahí está también el secreto del Padre Brown.
C. S. Lewis. Cartas del diablo a su sobrino (The Screwtape Letters, 1942). Madrid: Rialp, 1993, 2ª ed.; 140 pp.; col. Literaria; trad. de Miguel Marías; ISBN: 84-341-2985-2.
Extraído de www.bienvenidosalafiesta.com
Mañana es el Día Internacional del Libro y para celebrarlo he tenido una pesadilla. Dante, en medio del camino de su vida, está perdido en una selva oscura, que simboliza un tremendo atolladero moral. Encima, le cortan el paso una loba famélica, un elástico leopardo y un león imponente, representando, por si el hombre no tuviera ya bastante, un vicio cada uno. En la Divina Comedia, aparece entonces Virgilio, su escritor favorito, que, guiándole a través de los hondos infiernos, lo salva. En mi pesadilla, a Dante Alighieri se le aparecen Antonio Gala, Paulo Coelho, Dan Brown, Suso del Toro, Emilio Calatayud y un centón más de autores de éxito. "Con éstos, para qué necesito infierno…", grita desesperado el florentino y, en un movimiento pánico, se arroja a las fauces de la loba que, para cuando acaba de dar cuenta de él, no está tan famélica.
Qué sueño tan raro. Leer más

He conocido a muchos jóvenes católicos que parecían prometer llegar a hombres de bien para nuestra Iglesia y para nuestra patria (…) Uno de los momentos cruciales en que la inteligencia o la voluntad de gran parte de estos jóvenes entró en crisis fue su contacto con la universidad. Los estudios universitarios a nivel mundial adolecen de espantosas lagunas; la principal de ellas es la falta de cultivo del espíritu (y entre las disciplinas espirituales, principalmente de la visión de la trascendencia, es decir, de la apertura al mundo sobrenatural y al pensamiento metafísico); dicho en otras palabras: las universidades de nuestro tiempo, con honrosas pero reducidas excepciones, forman materialistas desde el materialismo más craso; moldean hombres y mujeres que salen de sus cátedras ya derrotados en las batallas del espíritu. La causa no es simplemente la ineptitud para enseñar las materias más importantes que debe cultivar todo ser inteligente (la filosofía y la misma teología, como se hace en muchas universidades anglosajonas, que tienen, por supuesto, otros problemas) sino la positiva destrucción –planeada siniestramente- de todo ideal religioso, espiritual y filosófico de las mentes de los jóvenes que inocentemente (o sin tanta inocencia) caen en las manos de profesionales deformadores. (…) Todo presentado con los adornos del falso halo de la ciencia de nuestro tiempo, con el único resultado de que los jóvenes que entraron con algunas sólidas convicciones –si alguna llevaron- terminan con las verdades robadas, ésta es la razón de nuestro título. Salen, pues, médicos materialistas, psicólogos positivistas, abogados rapaces, economistas sin escrúpulos, o simplemente profesionales incultos, sin valores morales, sin más intereses que los económicos…, en definitiva, pobres mercaderes.